Tarot, magia y estafadores: aclarando el desastre

Tarot Rider Waite Smith

A veces me pregunto cómo el tarot acabó en el mismo cajón que las velas negras, las calaveras y los amarres de amor. Supongo que como nadie puede regular nada en el tarot, el cajón se llena solo. Y hay gente que se aprovecha de eso. El esquema funciona así: llegas al “tarotista-brujo” con una pregunta, normalmente una que ya te pesa bastante, y te dice, con mucha autoridad, que tienes una maldición. Que alguien te ha hecho “un trabajo”. Siempre hay alguien que te ha hecho algo. La solución existe, claro, pero tiene precio. Y si no la tomas, pues ya sabes lo que te espera. No, eso no es tarot. Simplemente te ven la cara de incauto (por no decir otra palabra) y te birlan el dinero sin darte cuenta. Lo otro que veo mucho, aunque con menos mala leche, es la mezcla con la psicología. Tarotistas que casi ejercen de terapeutas, que sacan a Jung en cada tirada, que convierten una consulta de tarot en algo que se parece bastante a una sesión clínica pero sin el título colgado en la pared. Si alguien necesita apoyo psicológico de verdad, lo que necesita es un psicólogo. El tarot no cura nada, y el que diga que sí está mintiendo o confundido, que también pasa. Lo que sí puede hacer el tarot, al menos lo que yo intento hacer con él, tiene mucho menos glamour: ayudarte a pensar. A sacar a la luz una pregunta que llevas semanas esquivando. Camelia Elias lo dice sin anestesia: las cartas no te dicen lo que quieres oír, te dicen lo que hay. Ben-Dov va en la misma dirección con el Tarot de Marsella, sin sistemas cerrados ni grandes promesas. Solo las imágenes, y lo que tú eres capaz de ver en ellas ese día concreto, con lo que traes puesto. ¿Es suficiente para alguien que quiere certezas? Probablemente no. Pero para alguien que quiere entender algo, a veces es bastante más de lo que esperaba. ¿Has tenido alguna experiencia con ese tipo de “tarot” que no era tarot?

En defensa del tarot de Marsella

Tarot de Marsella

Quiero empezar esta reflexión aclarando que no creo que el Tarot de Marsella (TdM) sea mejor que otros tarots. Es una opinión totalmente personal y subjetiva, y no intento imponer ninguna idea o concepto. Desde hace unos meses estoy aprendiendo a leer tarot. Muchos han visto mis publicaciones donde ofrezco lecturas gratuitas como práctica. Conversando con otros estudiantes o lectores, varios me han dicho que el TdM es muy “duro” de entender, que los arcanos menores no les dicen nada, o que es más difícil que el Rider Waite Smith (RWS). No estoy tan seguro de ello. El primer mazo que compré fue un Rider Waite clásico, el que viene con el librito “Tarot Rider. El Espejo de la Vida”. Lo exploré bastante: sacar cartas diarias, intentar “sintonizar”, seguir consejos como consagrar el mazo o dormir con él. Después compré un RWS “borderless” que me encanta visualmente; siento que las imágenes me hablan mejor. Sin embargo, al hacer tiradas, me pasaba que cada carta parecía un compartimento separado, con su significado fijo, y me costaba que la lectura fluyera como conjunto. Luego, por probar, compré un TdM. Cometí el error de no mirar bien el estilo antes de comprarlo, y al poco tiempo sentí que no conectaba: las figuras me parecían muy secas, con expresiones duras. Ese mazo terminó guardado en un cajón. Más adelante compré otros dos: el CBD de Yoav Ben-Dov y el Pierre Madenié de 1709 restaurado por Marianne Costa. Con este último sí sentí conexión, casi amor a primera vista. Poco a poco lo fui explorando, apoyándome en libros como El Tarot al descubierto de Ben-Dov, El Tarot, la respuesta del futuro de Tchalaï Unger y Leer las cartas como el diablo de Camelia Elias. Fue como entrar en una casa en la que me siento más cómodo. Una de las cosas que más me atrae del TdM es la sensación de libertad. No tiene un autor único ni un sistema cerrado de significados. No viene con un “manual definitivo” de interpretaciones. Eso deja mucho espacio para la mirada del lector, aunque, por supuesto, dentro de ciertos límites: no todo vale. También me atrae la idea de que no es necesario memorizar significados complejos, ni dominar astrología, cábala o sistemas simbólicos elaborados para empezar a leerlo. La propuesta de muchos autores es más simple (aunque no más fácil): mirar la carta con atención. Como dirían algunos, el tarot está en el tarot. Camelia Elias, por ejemplo, reconoce que puede apoyarse en saberes tradicionales, pero también dice que si algo no sirve para la lectura concreta, lo deja de lado. Por eso, desde mi experiencia personal, siento que con el tiempo el TdM puede volverse más directo de lo que parece, incluso más de lo que muchos imaginamos cuando empezamos.

El tiempo en el tarot

El tiempo en el tarot es uno de los temas más delicados y difíciles de ver. Los consultantes, por lo general, quieren saber cuándo va a pasar algo. ¿Cuándo llegará el amor de mi vida? ¿Cuándo me llegará el trabajo? Cuándo, cuándo, cuándo… como la canción. Ahora bien, el tiempo en el tarot es cualitativo y no cuantitativo. Es decir, el tarot no va a decir: “esto va a pasar el 13 de abril a las 3:47 de la tarde”. No habla en números exactos: ni tres días, ni dos semanas, ni tres meses… ni mucho menos una hora concreta. Entonces, ¿no se puede saber el tiempo en el tarot? Sí, se puede, pero con matices. Por ejemplo, a través de analogías: El Sol podría indicar mediodía, La Luna la noche, El Juicio el amanecer y La Torre el atardecer.El invierno podría asociarse a La Papisa (o Suma Sacerdotisa en Rider-Waite-Smith) por estar abrigada; el verano a La Estrella, por estar desnuda. También se puede intuir rapidez o lentitud: algo podría suceder pronto con el Caballero de Espadas, o tardar más con el Caballero de Oros (o Pentáculos). Otra posibilidad es que las cartas no indiquen explícitamente cuándo sucederá algo, pero intuitivamente te llegue una noción del momento. También es importante considerar la distancia temporal. Si alguien pregunta “¿Pasaré la prueba de oposiciones?”, no es lo mismo que la prueba sea en unos días a que sea en unos meses. A muy largo plazo, las probabilidades de acertar en la lectura se vuelven más difíciles, por no decir imposibles. Hay tantísimos factores que, cuanto más lejos en el tiempo, más difícil es saberlo. ¿Y tú qué piensas al respecto?