En defensa del tarot de Marsella
Quiero empezar esta reflexión aclarando que no creo que el Tarot de Marsella (TdM) sea mejor que otros tarots. Es una opinión totalmente personal y subjetiva, y no intento imponer ninguna idea o concepto. Desde hace unos meses estoy aprendiendo a leer tarot. Muchos han visto mis publicaciones donde ofrezco lecturas gratuitas como práctica. Conversando con otros estudiantes o lectores, varios me han dicho que el TdM es muy “duro” de entender, que los arcanos menores no les dicen nada, o que es más difícil que el Rider Waite Smith (RWS). No estoy tan seguro de ello. El primer mazo que compré fue un Rider Waite clásico, el que viene con el librito “Tarot Rider. El Espejo de la Vida”. Lo exploré bastante: sacar cartas diarias, intentar “sintonizar”, seguir consejos como consagrar el mazo o dormir con él. Después compré un RWS “borderless” que me encanta visualmente; siento que las imágenes me hablan mejor. Sin embargo, al hacer tiradas, me pasaba que cada carta parecía un compartimento separado, con su significado fijo, y me costaba que la lectura fluyera como conjunto. Luego, por probar, compré un TdM. Cometí el error de no mirar bien el estilo antes de comprarlo, y al poco tiempo sentí que no conectaba: las figuras me parecían muy secas, con expresiones duras. Ese mazo terminó guardado en un cajón. Más adelante compré otros dos: el CBD de Yoav Ben-Dov y el Pierre Madenié de 1709 restaurado por Marianne Costa. Con este último sí sentí conexión, casi amor a primera vista. Poco a poco lo fui explorando, apoyándome en libros como El Tarot al descubierto de Ben-Dov, El Tarot, la respuesta del futuro de Tchalaï Unger y Leer las cartas como el diablo de Camelia Elias. Fue como entrar en una casa en la que me siento más cómodo. Una de las cosas que más me atrae del TdM es la sensación de libertad. No tiene un autor único ni un sistema cerrado de significados. No viene con un “manual definitivo” de interpretaciones. Eso deja mucho espacio para la mirada del lector, aunque, por supuesto, dentro de ciertos límites: no todo vale. También me atrae la idea de que no es necesario memorizar significados complejos, ni dominar astrología, cábala o sistemas simbólicos elaborados para empezar a leerlo. La propuesta de muchos autores es más simple (aunque no más fácil): mirar la carta con atención. Como dirían algunos, el tarot está en el tarot. Camelia Elias, por ejemplo, reconoce que puede apoyarse en saberes tradicionales, pero también dice que si algo no sirve para la lectura concreta, lo deja de lado. Por eso, desde mi experiencia personal, siento que con el tiempo el TdM puede volverse más directo de lo que parece, incluso más de lo que muchos imaginamos cuando empezamos.